Es el momento perfecto en el que puede descubrir lo cerca o lo lejos que se encuentran dos corazones.
Y, cuando descubres que están cerca, sientes, por un instante, que nada más importa.
Y reafirmas esa absurda teoría de que gestos como ese pueden salvarte la vida. Sonríes, con ese brillo en los ojos.
Vuelves a esconderte tras sus brazos y ella te estrecha con fuerza, como intentando hacer que te des cuenta de que es la manera perfecta para demostrar el amor que sentimos cuando no conseguimos la palabra justa. O tal vez, simplemente, ajeno a dejarte ir.



